La temida audición

Maximiliano Igor | 28.02.2019

La temida audición

Un colega me dio un sabio consejo: Ve la audición como una oportunidad para compartir música.

¡La temida audición! El concurso por un puesto de trabajo en una orquesta es demonizando por muchos músicos. El día de hoy pienso que los demonios a veces están en nuestro interior.

Viajar cientos de kilómetros para llegar a un lugar en general desconocido, sacar número, tocar uno o dos minutos y oír tras el telón una fría voz que dice "gracias, el próximo candidato por favor”. Para algo así se gasta en alojamiento y traslado lo mismo que se gastaría en vivir un mes completo en casa y es algo que de verdad duele, aunque no sólo por lo económico. Se buscan excusas pero no, nadie te ha dado bajo puntaje porque su alumno o amiga competía contigo. Detrás del telón no pasas porque no entregaste suficiente. O como se me dijo una vez, “simplemente había otros candidatos que tocaron mejor”.

Mi porcentaje de éxito en concurso orquestal hasta septiembre de 2015 era cero, nunca pasé la primera ronda en mis tres primeros intentos. Me presenté en una misma semana en Bamberg, Berlín y Colonia, lo que significó muchos viajes, gastos y frustraciones. Eso impulsó mi decisión de dejar atrás Viena, para seguir un posgrado en Alemania, donde hay más concursos por contratos indefinidos en orquesta.

Una de las razones de mis fracasos, fuera de mis falencias técnicas, era que hasta ese momento yo veía las audiciones como un control médico o una forma de diagnosticar a un contrabajista como apto para el puesto o no. La presión del jurado, sala desconocida, pianista nuevo, piso que puede ser resbaloso para el puntal, desayuno equivocado, falta de sueño y sus obvias consecuencias, eran dificultades que se sumaban a la tensión propia del momento. Lo máximo que alcancé en esos tres concursos fue que se me dijera “me gustó que todas las notas se pueden identificar, se escucha claro el spiccato, afinación buena, técnica sólida, pero no hay suficiente fraseo”. Algo más o menos así es lo que recibí en los tres lugares esa fatídica semana.

Mi perspectiva cambió cuando un colega de estudios, Takanari Koyama, contrabajo solista en Göttingen y, en mis tiempos, uno de los más exitosos alumnos de contrabajo en la universidad de música de Viena, me dijo “Ve la audición como una oportunidad para compartir música, un breve pero auténtico minuto en el escenario”. Desde el sabio consejo de Takanari empecé a disfrutar de los concursos orquestales. Casi al mismo tiempo empecé mis estudios de máster con el profesor Stanislav Anischenko en Detmold. En un mes ya había llegado a la final de uno de estos concursos en Múnich.

Este joven profesor fue un gran impulso en mi carrera, principalmente porque, además de su experiencia como contrabajo solista en la WDR Sinfonieorchester en Colonia, ha sido premiado en concursos como solista, lo cual no es tan frecuente en mi instrumento.

Desde entonces voy en mi audición número 19, en 17 de ellas pasé a la segunda o última ronda y en otro caso fui el mejor en un concurso declarado desierto. Una de esas audiciones la gané y es donde me desempeño al día de hoy, sin embargo aspiro a no "dormirme en los laureles" por lo que sigo poniéndome a prueba en estos concursos.

Maximiliano Igor es un contrabajista chileno. Obtuvo su licenciatura con calificación máxima en Viena, Austria. Sus mentores fueron Jan-Georg Leser y Alois Posch. En 2018 realizó un posgrado con Stanislav Anischenko en Detmold. Durante este tiempo obtuvo cuatro becas de formación del CNCA, cinco veces consecutivas la beca FOJI, una beca Monitor y una beca de estudios en el extranjero. Realizó una práctica profesional en la Mahler Chamber Orchestra en 2016/17 y luego se adjudicó la posición de contrabajo tutti en la Neue Philharmonie Westfalen. Desde mayo de 2018 es contrabajo solista en la Badische Philharmonie Pforzheim.