Más de enfoque

15.05.2019

Carlos Zamora

Carlos Zamora es compositor, director y académico. Ha dedicado gran parte de su catálogo al rescate de la música de los pueblos originarios especialmente de la zona de San Pedro de Atacama. Ha creado también varias partituras como tributo a las víctimas de dictaduras y genocidios perpetrados en territorio chileno. Sus obras son interpretadas con frecuencia por orquestas y solistas tanto en Chile como en el extranjero. Actualmente reside en la ciudad de York, Inglaterra, donde realiza estudios de doctorado en composición. Sus obras son editadas por Editorial Nacional, que además ha publicado cuatro discos monográficos con sus obras. youtube.com/user/carloszcompositor.

La profesión de compositor en Chile

¿Es un buen negocio estudiar composición?

¿Es un buen negocio estudiar composición? Para responder esta pregunta primero debo aclarar que cuando digo “negocio” me refiero a la inversión de tiempo de estudio para finalmente poder vivir de esta profesión. Entonces, es necesario revisar al menos algunas variables que se deben considerar a la hora de referirse al mundo profesional en el que se desenvuelven los compositores.

Introducción

En este mundo, en que luego de la invención de los medios masivos de comunicación, léase la radio, la televisión, la internet y por cierto la grabación, han alejado al ciudadano común de las salas de concierto, el compositor actual se ve enfrentado a desarrollar su actividad con los ojos puestos en estos mismos medios, no siendo la sala de conciertos el único espacio para la difusión de su música. Sin embargo y a pesar que estos medios facilitan la circulación de la música, es un hecho que la oferta musical se ha diversificado de tal forma en que el aficionado auditor de música, por cierto el que la consume, tiene a la mano cuanto desee escuchar, siendo la música clásica de consumo considerablemente más bajo que la música popular, y dentro de la música clásica, la música contemporánea todavía más abajo en la curva.

Esto, que definitivamente requiere de un análisis profundo en términos sociológicos y antropológicos, ha contribuido al menos a que la actividad profesional de un compositor dedicado exclusivamente a la música clásica se haya casi extinguido en términos de campo laboral y por cierto cambiado conceptualmente, pues el compositor anterior a la invención de los medios de comunicación podría transitar libremente entre las vanguardias creativas con fines artísticos y las expresiones más cercanas a la vida cotidiana de las personas. Buenos ejemplos hay en Chile de compositores que vivieron estos cambios, siendo emblemáticos los casos de Vicente Bianchi y Guillermo Rifo, quienes habiendo sido formados en la academia y habiendo compuesto mucha música en los cánones de la música “clásica” son muy vinculados a la música “popular”.

Hoy en día, cualquiera que haya decidido o vaya a decidir estudiar composición musical, debe tener muy claro si sus deseos son estudiar música clásica o música popular. Debe estar consciente también que si decide dedicarse a la música clásica no podrá desarrollar su oficio como forma de subsistencia. Se trata de una de las pocas profesiones en que cualquier trabajo estable no estará relacionado con el más fundamental de sus objetivos, cual es el crear música.

También, se debe estar muy consciente de que a pesar de ser el primer eslabón de la cadena alimenticia del mundo musical, o sea el que crea la música, para que luego otros la interpreten y para que finalmente otros la escuchen, el compositor es el que menos valoración en términos financieros obtendrá al final del proceso, siendo normalmente considerado como pago por su labor, el sólo hecho que su música sea interpretada.

Confabula en esta realidad el poco conocimiento que hay por la actividad creativa como trabajo, estando normalmente fuera de discusión por parte de los usuarios el pago por la creación. Es común escuchar la siguientes frases hechas pregunta: ¿por qué no compones algo y luego yo lo podría tocar?, ¿me puedes pasar la partitura? Por el contrario, es muy poco común escuchar las preguntas: ¿cuánto me cobras por componer una obra?, ¿dónde puedo comprar la partitura? Peor aún, es cotidiano hoy en día que intérpretes soliciten la autorización (a veces notarial) para tocar una obra y así eludir el pago de derechos de autor. Lo más triste de este caso es que normalmente las autorizaciones son solicitadas como requisito para postular a proyectos financiados por el Ministerio de Cultura.

Chile es un mercado muy pequeño, en el que además de no haber políticas de fondo para que se contemple la actividad creativa como un asunto profesional, no alcanza a absorber la creciente cantidad de profesionales del área, pues a la vez de ser un mercado muy pequeño en términos de densidad de habitantes, tampoco hay el suficiente número de instituciones que puedan (o quieran) abrir el campo laboral para los creadores.

Finalmente, las políticas diseñadas desde hace varios años por el Ministerio de Cultura, no hacen sino profundizar los mecanismos de la llamada industria cultural, basadas en la oferta y demanda, sin que haya habido hasta ahora alguna iniciativa de desarrollo cultural basado en la importancia del arte como parte fundamental del desarrollo de los pueblos.

La academia

La mayoría de las profesiones ofertadas en el sistema educativo nacional incluyen en sus procesos formativos el entrenamiento adecuado o suficiente para poder realizar luego de egresado y/o titulado un trabajo normalmente remunerado en lo que se conoce como campo laboral. Eso que parece obvio para cualquier persona que comienza estudios profesionales no lo es del todo para los compositores. Pues, el mencionado campo laboral no existe propiamente tal, excepto en el mundo académico donde compositores son requeridos para realizar docencia. Mas no hay normalmente un espacio para realizar la actividad profesional para la que el compositor fue entrenado, o sea, crear música.

Si bien en países desarrollados, es justamente en la academia donde los compositores encuentran las mejores oportunidades laborales, la diferencia con Chile se produce en que dentro de las actividades de la jornada laboral sí se contempla la creación de música como parte esencial del desarrollo profesional, equiparándose de esta manera a los investigadores, quienes deben contribuir a la generación de nuevo conocimiento como parte primordial de su actividad académica. La realidad chilena es que en la mayoría de los casos, los compositores deben sólo dar clases y de vez en cuando gestionar, producir y/o administrar actividades de extensión, pues se da por sentado que siendo el compositor un artista, entonces sabe gestionar, producir y administrar actividades artísticas.

Por otra parte, no hay disponibles en Chile, plazas académicas suficientes para absorber la demanda laboral existente, tanto en cantidad como en calidad. Es así entonces que muchos compositores reparten sus horas laborales en varias instituciones, las que en muchos casos (la mayoría) no hacen distinción entre un licenciado y un doctor, o la trayectoria, a la hora de calcular el valor de la remuneración. Además, la legislación vigente ha propiciado el uso del mecanismo denominado “a honorarios”, asunto que entre otros, afecta a profesionales de todas las áreas y que desarrollan docencia superior especialmente en el mundo privado.

Entonces, repito la pregunta, ¿es un buen negocio estudiar composición?

Concursos, call for scores, encargos y residencias

Hoy en día, no pocas instituciones han incorporado la figura del “concurso de composición” como parte a veces de un genuino deseo de contribuir al desarrollo de la música chilena. La Orquesta Sinfónica de Copiapó, la Orquesta Marga-Marga, la Orquesta Filarmónica de Santiago, la Orquesta Sinfónica de la Universidad de Concepción, La Orquesta Nuevo Mundo, la Orquesta Solístico de Santiago y el Ministerio de Cultura convocan anualmente un concurso de composición especialmente para compositores chilenos. Por cierto están los concursos internacionales donde los compositores pueden participar. Sin embargo, tratándose de los concursos nacionales (y de muchos internacionales), los premios en dinero son muy bajos, no alcanzando a cubrir de buena forma el valor en tiempo de trabajo que el compositor invirtió para la creación de la obra. Esto último con el agravante que normalmente además para poder participar en un concurso se debe pagar una cuota no reembolsable sólo por tener el derecho a participar (afortunadamente esto todavía no ha pasado en Chile). Esto aplica también a innumerables “call for scores” donde además tener que pagar por mandar una obra, muchas veces se solicita una autorización para evitar el pago de arriendo o derechos de autor. En suma, tanto en concursos nacionales y extranjeros, así como en los llamados de partituras, las posibilidades de no recibir un pago adecuado por el trabajo realizado se acercan al 100% de los casos, contribuyendo con esto a profundizar el hecho de que el trabajo realizado no es remunerado y por cierto a veces teniendo incluso que pagar por trabajar.

El caso de los encargos va por otra vía. Esporádicamente se hacen en Chile encargos provenientes de instituciones, los que a veces pueden ser bien remunerados. La mayor parte de los encargos tienen que ver con relaciones personales entre intérpretes y compositores, donde los honorarios son ajustados a las posibilidades financieras del que encarga, pudiendo llegar a ser la interpretación o grabación de la obra el pago recibido. Existe en muchos países la figura del “compositor residente”. Esta sí establece una relación laboral por un tiempo determinado y por lo tanto cierta seguridad financiera a la hora de calcular las horas trabajadas versus el producto final. O sea, se remunera la creación y se asegura el estreno. Desgraciadamente, esta figura no ha sido implementada el Chile.

Al parecer ya hay algunos aspectos que pudieran orientar una respuesta a la pregunta primera, pero por si acaso insistiré, ¿es un buen negocio estudiar composición?

Derechos de autor

La música clásica y por cierto la contemporánea, son los hermanos pobres de las entidades que administran derechos de autor. Por popular que pueda llegar a ser un compositor chileno, es poco probable que pueda tener alguna tranquilidad financiera gracias a los derechos generados. En desmedro de los mismos derechos están la cantidad de veces que instituciones solicitan a los compositores la autorización de interpretación y así evitar el pago correspondiente. Por su parte, las obras de compositores chilenos que pudieran ser transmitidas por estaciones de radio, normalmente forman parte de algún programa ad-hoc en vez de ser programadas de manera independiente. De esta forma las radios no necesariamente informan la transmisión de tal o cual obra, significando esto que la obra no llega a los registros de la SCD y por lo tanto no se produce el pago del derecho autoral. Sobre esto habría que decir sin embargo, que la SCD ha profundizado sus mecanismos de control, gracias a lo cual algunos compositores han visto reflejado en sus ingresos algún dinero. Pero este sistema funciona por cantidad, de manera que la transmisión de una obra no va a significar casi nada en la renta del compositor. A estas alturas, al parecer, es la negación la que más certeramente se vislumbra como respuesta a la pregunta ¿es buen negocio estudiar composición?

Publicación

En Chile la publicación de partituras se reduce a iniciativas particulares o institucionales, pero siembre bajo el alero de algún fondo público o privado para la impresión de obras, las que siempre son de edición limitada y de poca distribución. Al mismo tiempo, las obras orquestales son las menos publicadas dada la casi inexistente posibilidad de ser comercializarlas. Por otra parte, estas últimas son de uso esporádico por las orquestas y por lo mismo, las orquestas suelen arrendarlas y no comprarlas.

Las obras orquestales de compositores chilenos son casi siempre solicitadas directamente a los compositores, quienes en aras a que su música sea interpretada dejan de lado el justo pago por el arriendo de su propia música. Lo mismo sucede cuando son requeridas sus obras desde el extranjero, pues siempre se antepone el interés de que la música sea interpretada.

Más de enfoque

15.05.2019

Carlos Zamora

Carlos Zamora es compositor, director y académico. Ha dedicado gran parte de su catálogo al rescate de la música de los pueblos originarios especialmente de la zona de San Pedro de Atacama. Ha creado también varias partituras como tributo a las víctimas de dictaduras y genocidios perpetrados en territorio chileno. Sus obras son interpretadas con frecuencia por orquestas y solistas tanto en Chile como en el extranjero. Actualmente reside en la ciudad de York, Inglaterra, donde realiza estudios de doctorado en composición. Sus obras son editadas por Editorial Nacional, que además ha publicado cuatro discos monográficos con sus obras. youtube.com/user/carloszcompositor.

El año 2015 se creó en Chile la Editorial Nacional1, que justamente se encarga de cubrir el vacío de la situación de la música orquestal, invitando a compositores a ser publicados y a la vez a ser administrados, sirviendo de intermediario entre el compositor y las orquestas. Sobre esto, existen hoy en día editoriales con base en otros países que otorgan los mismos servicios.

1. Editorial Nacional fue creada el año 2015 por Francia Gómez, Pablo Carrasco y Carlos Zamora. Su misión es el fomento, publicación, difusión y resguardo de la música de compositores chilenos y extranjeros. En 2018 recibió el Premio a la Música Presidente de la República mención Edición Musical, otorgado por el Estado de Chile, por la importancia de la labor de difusión y publicación de las obras de los compositores de su catálogo y de la calidad de sus ediciones. www.editorialnacional.cl

Finalmente entonces, ¿es buen negocio estudiar composición?

Epílogo

Como digo en la introducción y sin ánimo de hacer una re-exposición, debo repetir que el compositor es el primer eslabón de la cadena alimenticia de la música. Si este eslabón no funciona, la cadena total se cae. Sin embargo, es este eslabón el menos considerado en la cadena de producción. Los intérpretes son normalmente remunerados por tocar, el público paga por escuchar. Entre medio hay gestores, productores, vendedores de boletos, tramoyas, auxiliares, y una lista larga de oficios y profesiones que se mueven alrededor de la música. Sin embargo, como planteo, al que menos se considera a la hora de repartir los beneficios es al compositor.

1. Editorial Nacional fue creada el año 2015 por Francia Gómez, Pablo Carrasco y Carlos Zamora. Su misión es el fomento, publicación, difusión y resguardo de la música de compositores chilenos y extranjeros. En 2018 recibió el Premio a la Música Presidente de la República mención Edición Musical, otorgado por el Estado de Chile, por la importancia de la labor de difusión y publicación de las obras de los compositores de su catálogo y de la calidad de sus ediciones. www.editorialnacional.cl

Se refiere el periodista y compositor Álvaro Gallegos, en una columna similar a ésta2, a los festivales ya tradicionales de música contemporánea existentes en Chile. No conozco de cerca cada una de las realidades, pero sí sé que al menos en tres de ellos los intérpretes son remunerados, mas no así los compositores.

2. Álvaro Gallegos (15.03.2019). Festivales de nueva música en Chile. SIMUC|enfoque.

El resultado creativo es producto de muchos años de estudio, de constante reflexión, de horas y horas de pensamiento, de escribir y borrar mil veces (no todos son Mozart). Todo ese proceso se ve reflejado en los minutos que pueda durar una obra musical. Todo esto traducido en horas laborales supera con mucho una jornada completa similar a la de cualquier otra profesión. Lamentablemente no se entiende así por gran parte de la sociedad, y ni siquiera por muchos profesionales vinculados directamente con la música.

En fin, ¿es un buen negocio estudiar composición? Yo creo que no, pero vale la pena de todas maneras.

2. Álvaro Gallegos (15.03.2019). Festivales de nueva música en Chile. SIMUC|enfoque.