Más de enfoque

15.09.2018

Macarena Rosmanich

Macarena Rosmanich es una compositora chilena radicada en Alemania. Estudió composición en la Universidad de Chile, bajo la tutela de Aliocha Solovera y Jorge Pepi Alós. Posteriormente realizó estudios de postgrado con el compositor José María Sánchez-Verdú en la Universidad de Música Robert Schumann de Düsseldorf. Actualmente se encuentra realizando su último año de Máster en la Universidad de Música de Friburgo con el compositor Johannes Schöllhorn. Sus obras han sido estrenadas tanto en Europa como en Chile, por agrupaciones como el ensamble Multilatérale (Francia), Vertixe Sonora (España), Lucilin (Luxemburgo), MusikFabrik, Recherche (Alemania), Colectivo Azul y Compañía de Música Contemporánea (Chile).

¿Compositoras? Notas sobre la invisibilización

Cuando se me planteó la posibilidad de escribir un texto que abordara el tema de la invisibilización institucional de músicos mujeres en la escena musical chilena, –sin hacerlo un texto político ni 100% enfocado a temas de género– lo primero que pensé fue, cómo abordar este tema que es político y es un problema de género, como si no lo fuera. Ya que no me interesaba tampoco hacer una suerte de diario de vida acerca de las anécdotas de mis ya siete años vividos en Alemania, decidí simplemente lanzarme a escribir y ver qué pasaba. Nunca antes he publicado nada al respecto y decidí probar suerte.

Lo que más me llamó la atención al llegar acá fue que a nadie le sorprendió mayormente que yo fuera compositora. Yo, en ese momento no me sentía con demasiada autoridad de llamarme como tal, siempre tuve claro, que el ser compositor no tiene que ver con un título, sino más bien con una decisión de vida, fui entonces, poco a poco sintiéndome cada vez más con el derecho a nombrarme como tal.

Luego comencé a frecuentar conciertos, tanto en la escuela de música como en distintas salas y festivales. Fue ahí que me di cuenta de lo amplia y abierta que es la escena musical fuera de Chile. Hay una apertura y un respeto hacia lo actual que no había visto antes. Se le da un valor a la creación libre, a las diferentes estéticas y para cada una hay un espacio. Cada una se mira con respeto y todas se nutren entre sí. Esto, en lo personal, fue muy liberador. No sólo me encontré con varias compositoras en los programas, sino también con varias que venían a hacer un máster al igual que yo, o que estudiaban el pregrado, o bien como profesoras en los distintos conservatorios.

Todo esto, por supuesto, sin que deje de estar presente el tema de género, que sigue siendo un problema incluso aquí, pero la diferencia radica en que acá es un problema que genera debate y preocupación. Hay una voluntad real por democratizar los espacios y, en ciertas ocasiones, crear espacios que fomenten la inclusión de mujeres tanto dentro de la academia como en conciertos. No es extraño encontrarse con agrupaciones de músicos integrados únicamente por mujeres, pero aún persiste el problema de la visibilidad, no así de la actividad.

La International Alliance for Women in Music (IAWM) fue creada justamente porque las mujeres comenzaron a encontrar dificultades para hacer visible su trabajo y las estadísticas lo muestran. A pesar de las aproximadamente 3.000 compositoras a nivel mundial registradas en la IAWM, el porcentaje de éstas que participan de algún festival, que ocupan puestos de importancia en la academia u obtienen encargos, es sumamente inferior al de los hombres. Mientras hay cada vez más instancias en las cuales puede uno informarse acerca del tema, ver estadísticas, etc., se siguen escuchando diversos „argumentos“ sobre lo mismo; por un lado, personas que sí quieren ver y escuchar el trabajo de compositoras y de alguna manera alentar a quienes puedan estar medio cohibidas haciendo su trabajo, y por otro lado, algunos que siguen insistiendo en que no hay desigualdad de género ni sexismo y al mismo tiempo aseveran que programar mujeres o darles un puesto en la academia es algo que „está de moda“, es decir, que no habría méritos en el trabajo mismo; o uno de los más frecuentes, el cual dice que equilibrar la balanza a priori no garantizaría un buen concierto, ya que habría que poner énfasis netamente en la calidad de las obras y no en el género –por ende, supondría bajar el nivel de los programas. Yo me pregunto, ¿desde cuándo la calidad de un concierto está asegurada en un programa netamente masculino? ¿Y quiénes son los que otorgan los criterios de calidad?

Durante mis estudios en la Universidad de Chile me tuve que enfrentar en más de una ocasión a que algún profesor me dijera abiertamente que las mujeres no debían estudiar composición, y si se hablaba de alguna compositora ya „formada“, siempre se ponía en duda su habilidad para componer, algo que además de frustrante es sumamente sexista.

Aún es fácil, tanto para mujeres como para hombres, perpetuar el sistema de pensamiento establecido. Pero hace ya muchísimos años que hay mujeres ocupándose del tema, que lamentablemente continúa siendo sumamente actual y urgente. Citando a Olga Neuwirth „el mundo de la música clásica es aún blanco, masculino y patriarcal, en otras palabras, todavía gira en un sistema hegemónico“.

Después de todo esto yo me pregunto: ¿Qué pasa en Chile? ¿Qué razones hay para que este 2018 tengamos un „Encuentro Internacional de Compositores“, con seis invitados internacionales dentro de los cuales no hay ni una sola compositora? ¿Qué ha pasado en los últimos –por no decir todos– Festivales Internacionales de Música Contemporánea, que en sus tres o cuatro días de conciertos no programan más de tres compositoras? ¿Qué pasa que cada vez que se hace mención al tema, aparece un grupo de personas que siempre tratan de negar o derechamente se molestan y se niegan a aceptar o a reflexionar sobre el problema? ¿No sería más constructivo que cada uno de nosotros se reconociese como parte del problema y así, partiendo desde la acción individualidad, formar parte de un cambio colectivo?

Las mujeres no queremos que los hombres se encarguen de crear espacios especiales para nosotras. Queremos participar de los espacios que están y de los que se estén creando, simplemente, porque así corresponde que sea. Yo sé que no hay directamente malas intenciones por parte de organizadores, curadores, etc., lo que hay es una automatización a la hora de pensar en quién debiese y quién no utilizar ciertos espacios. Si de antemano tuviéramos ya un criterio de equidad de género como base, no tendríamos este problema, ya que antes de tomar la decisión sobre quién o quienes debieran tener apoyo o visibilidad, la balanza estaría ya equilibrada. Así como en Chile, y en diferentes áreas de la cultura, el mundo entero está siendo presionado a promover la diversidad y equidad de género. Los cerca de 45 festivales de música que existen en Europa y UK, se han propuesto, para el 2020, tener un 50% de participación de mujeres, tanto entre intérpretes, compositoras y encargos.

¿No sería entonces interesante, que Chile fuera pionero en equilibrar la balanza en Latinoamérica? Dado que no son muchos los conservatorios en donde se enseña composición, no debería ser tan difícil saber cuántas mujeres son las que actualmente se desempeñan como compositoras. Y las que se estén formando fuera de la academia, tendrían que acercarse a alguna instancia creada para dicho propósito. A partir de esto, ya no es tan difícil ver cuál es el porcentaje de compositoras chilenas que podrían programarse y por último, como ya dije anteriormente, existe un registro internacional de alrededor de 3.000 compositoras.

Es perfectamente válido pensar que los hombres se sientan muchas veces desorientados frente al tema y sientan no tener herramientas para enfrentar las transformaciones de género que se están exigiendo en las distintas áreas y partes del mundo. Pero es fundamental pensar en el rol y la responsabilidad que éstos sí tienen en este movimiento, sobre todo si son referentes, y por último, animarse a transformar nuestra forma de pensar y debatir.

Por eso mismo, es de suma importancia crear políticas culturales que integren las demandas del movimiento feminista. No es posible, hoy en día, pensar en un cambio a este sistema hegemónico que no involucre al feminismo y sus propuestas. La construcción de espacios, en este caso dedicados a la música, debe ser inclusiva, y esto es justamente lo que políticas feministas proponen.

En mi experiencia personal, he tenido la suerte de trabajar con grandes intérpretes y ensambles, tanto en Europa como en Chile. José Luis Urquieta, quien trabaja comprometidamente por el repertorio nacional, me encargó una obra para oboe y piano, la cual grabó, junto a Victoria Vial, para su segundo disco. Por otra parte, el ensamble Compañía de Música Contemporánea, junto a su director Carlos Valenzuela, tocó mi obra „sombras“ en un concierto en el GAM y luego en el Festival de Música Contemporánea de la Universidad Católica. Y este año, el Colectivo Azul, tocará mi obra „Cenizas“. Digo todo esto, porque me parece importante remarcar que sí hay quieres están trabajando activamente en este cambio –y sé que no los he nombrado a todos.

Pero yo no hablo por mí, hablo por todas. Mi tarea es y seguirá siendo la de componer, hacer mi trabajo lo mejor posible y mostrarlo sobre todo en Chile. Pero también, sacar la voz.

Más de enfoque

15.09.2018

Macarena Rosmanich

Macarena Rosmanich es una compositora chilena radicada en Alemania. Estudió composición en la Universidad de Chile, bajo la tutela de Aliocha Solovera y Jorge Pepi Alós. Posteriormente realizó estudios de postgrado con el compositor José María Sánchez-Verdú en la Universidad de Música Robert Schumann de Düsseldorf. Actualmente se encuentra realizando su último año de Máster en la Universidad de Música de Friburgo con el compositor Johannes Schöllhorn. Sus obras han sido estrenadas tanto en Europa como en Chile, por agrupaciones como el ensamble Multilatérale (Francia), Vertixe Sonora (España), Lucilin (Luxemburgo), MusikFabrik, Recherche (Alemania), Colectivo Azul y Compañía de Música Contemporánea (Chile).